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Atarante Buceo - Escuela de Buceo en Madrid     
Atarante Buceo - Escuela de Buceo en Madrid
02.06.2013 - Viajes
Historia del Buceo
La superficie de la Tierra está cubierta en un 70% de agua. Desde el comienzo de la historia, el hombre siempre ha sentido curiosidad por adentrarse en mundos desconocidos y descubrir qué es lo que se oculta en los fondos marinos.

El hombre ha estado sumergiéndose en el agua desde hace siglos. En un principio, la búsqueda de alimentos o de productos preciosos capaces de ser manufacturados, fue el principal motivo de la aventura de los primeros buceadores. Pequeños moluscos y crustáceos eran recogidos durante el periodo de la marea baja, por lo que el hombre supuso que en los lugares en los que el agua cubría la tierra, habría más comida y materia prima como ostras perlíferas, coral, nácar y demás productos capaces de ser manufacturados para la artesanía y la joyería.


PREHISTORIA

Los primeros indicios de la práctica del submarinismo los encontramos en los grandes yacimientos de conchas de moluscos que se han encontrado en el Báltico y en las costas de Portugal. Esto prueba que el hombre primitivo, salvo que esperara las grandes bajamares para juntarlos, se veía obligado a bucear hasta los lugares en que estaban enclavados.

En el Museo Británico se conserva un bajorrelieve del año 880 a.C, en el que se aprecia al rey persa Assurbanipal II en actitud de nadar, provisto de un odre de carnero bajo su pecho, en forma de saco respirador y junto a él un pez.


ANTIGÜEDAD

Entre los pueblos de la Antigüedad, las primeras noticias fidedignas que se tienen de la práctica de la inmersión son del año 168 a.C., cuando Perseo (último rey de Macedonia), arrojó su tesoro al mar para evitar que cayese en manos del enemigo, siendo recuperado después por unos buceadores llamados "urinatores", profesionales reconocidos en la época romana que se dedicaban a rescatar objetos caídos en el puerto, a realizar reparaciones de naves y a extraer el cargamento de naves hundidas. Iniciaban la inmersión con la boca llena de aceite que iban soltando conforme bajaban con el fin de crear una película que mejoraba la visión. Su trabajo estaba regulado por la Lex Rhodia que establecía que el urinator podía quedarse con un tercio del valor del material extraído hasta los 15 m. y con la mitad si se recuperaba hasta los 27 m.

Aristóteles menciona en su libro "Problemas” dos tipos de aparatos de inmersión:

+ La "lebeta” (antecedente de la campana de buzo): consistía en un gran recipiente metálico que se colocaba invertido en el agua, permitiendo aprisionar en su interior el volumen de aire que su capacidad admitía. Uno o más buzos se introducían en su interior desde donde realizaban expediciones submarinas.

+ El otro instrumento mencionado es un tubo respirador muy parecido al actual snorkel.


EDAD MEDIA


Aunque la Edad Media vivió de espaldas al mar, podemos encontrar en el libro “Manual de Combate”, escrito por Hans Talhoffer, uno de los mejores maestros de la llamada escuela alemana de esgrima, una ilustración de un traje de buzo con finalidades militares.




EL RENACIMIENTO

El polifacético genio Leonardo da Vinci diseñó varios aparatos de buceo:

+ El primero consistía en un simple tubo, similar al actual snorkel.

+ Otro mostraba un casco completo con antiparras y un tubo respiratorio en una especie de capuchón con púas, que hacía de defensa natural contra posibles depredadores.

+ El más perfecto de sus diseños consistió en un traje completo de buzo, clasificado como: "equipo que cubre todas las necesidades vitales y las exigencias especiales que un hombre puede necesitar bajo el agua".


ÉPOCA MODERNA

A partir de mediados del siglo XVIII comienzan a sucederse los descubrimientos e inventos que permitirían a los buceadores sumergirse a una mayor profundidad y por más tiempo.

En el siglo XIX, llega la evolución de la campana con Augustus Siebe (Padre del Buceo Moderno), que redujo su tamaño a un casco que recibía aire de una bomba desde la superficie al que llamó escafandra y además le añadió un traje impermeable que mantenía “seco" el cuerpo del buzo. Así nació el equipo de buzo clásico, que con algunas modificaciones ha llegado hasta nuestros días.


El ingeniero Benoit Rouqyayrol (1860) desarrolló el Aeróforo, un dispositivo respirador para obreros de rescate en minas llenas de aire contaminado. Consistía en un tanque con aire comprimido, una manguera, boquilla para respirar y un clip para la nariz que impedía entrar el aire contaminado.

En 1865 el oficial de marina francés Auguste Denayrouze, adaptó el Aeróforo para buceo. El buzo llevaba un tanque con aire comprimido a baja presión en la parte de atrás y por medio de un tubo permitía la respiración del buzo, pudiendo realizar inmersiones cortas y de poca profundidad.


SIGLO XX

En la década del 30 se crean elementos fundamentales para el desarrollo del buceo moderno como las aletas, el tubo respirador y la máscara que abarca ojos y nariz.

En 1933 un investigador francés, Yves Le Prieur, patenta la escafandra que proporciona al buceador una autonomía real, gracias a la botella con aire a alta presión (150 atmósferas) y al regulador de flujo continuo. El regulador tenía un manorreductor que manualmente regulaba la salida del aire que, por un tubo, era suministrado a la máscara.

En 1943, el equipo formado por el Teniente de Navío francés Jacques-Yves Cousteau, Emile Gagnan, y Frédéric Dumas probarían en aguas de la Costa Azul un aparato que habría de convertirse en aquel con el que tantas generaciones habían soñado y que daba la oportunidad de bajar a unas profundidades nunca imaginadas por el hombre. Se trataba de la escafandra autónoma, compuesta por una botella con aire a alta presión y un regulador a demanda que suministraba al buceador aire a presión ambiente.

Posteriormente se desarrolló el chaleco hidrostático que permitió regular la flotabilidad del buceador a voluntad.

Gracias a todos los que nos han ofrecido la posibilidad de observar el mundo submarino, al que amamos y debemos proteger.